25/1/09

Biomasa

Un científico diría: “biomasa es toda materia orgánica susceptible de aprovechamiento energético”. Pero la realidad de la biomasa es más profunda, estamos hablando de un vector energético que, a corto plazo, puede ser básico en nuestra sociedad, tanto desde el punto de vista energético y ambiental, como para el desarrollo socioeconómico de las zonas rurales. Actualmente, más del 80% de nuestro abastecimiento energético proviene de energías fósiles, otro 13% de energía nuclear, y solamente alrededor del 6% de Energías Renovables. Este 94% no renovable conlleva importantes implicaciones medioambientales y una fuerte dependencia del abastecimiento exterior.
Entre las energías renovables destaca el uso de productos obtenidos a partir de materia orgánica para producir energía. Estos productos componen lo que se denomina comúnmente “biomasa”, una definición que abarca un gran grupo de materiales de diversos orígenes y con características muy diferentes. Los residuos de aprovechamientos forestales y cultivos agrícolas, residuos de podas de jardines, residuos de industrias agroforestales, cultivos con fines energéticos, combustibles líquidos derivados de productos agrícolas (los denominados biocarburantes), residuos de origen animal o humano, etc., todos pueden considerarse dentro de la citada definición.
Conviene tener muy presente esta diversidad cuando se quiere realizar una aproximación a una energía que comienza su amplio perfil desde la definición, ya que biomasa, sin la acepción energética, es la cantidad de materia viva presente en un medio o en un organismo.
La combustión de biomasa no contribuye al aumento del efecto invernadero porque el carbono que se libera forma parte de la atmósfera actual (es el que absorben y liberan continuamente las plantas durante su crecimiento) y no del subsuelo, capturado en épocas remotas, precisamente como el gas o el petróleo. La energía que contiene la biomasa es energía solar almacenada a través de la fotosíntesis, proceso por el cual algunos organismos vivos, como las plantas, utilizan la energía solar para convertir los compuestos inorgánicos que asimilan (como el CO2) en compuestos orgánicos.
las instalaciones de producción energética con biomasa se abastecen de una amplia gama de biocombustibles, desde astillas hasta cardos y paja, pasando por huesos de aceituna y cáscaras de almendra.
El uso de la biomasa como recurso energético, en lugar de los combustibles fósiles comúnmente utilizados, supone unas ventajas medioambientales de primer orden, como son:
Disminución de las emisiones de azufre.
Disminución de las emisiones de partículas.
Emisiones reducidas de contaminantes como CO, HC y NOX.
Ciclo neutro de CO2, sin contribución al efecto invernadero.
Reducción del mantenimiento y de los peligros derivados del escape de gases tóxicos y combustibles en las casas.
Reducción de riesgos de incendios forestales y de plagas de insectos.
Aprovechamiento de residuos agrícolas, evitando su quema en el terreno.
Posibilidad de utilización de tierras de barbecho con cultivos energéticos.
Independencia de las fluctuaciones de los precios de los combustibles provenientes del exterior (no son combustibles importados).
Mejora socioeconómica de las áreas rurales.
Estas ventajas convierten a la biomasa en una de las fuentes potenciales de empleo en el futuro, siendo un elemento de gran importancia para el equilibrio territorial, en especial en las zonas rurales.

Fuente: Biomasaweb
En Wikipedia podés ver: Obtención de combustibles a partir de la biomasa
En Greenpeace podés ver: Un potencial por descubrir... la energía de la biomasa

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